¿Es posible hacer la carne de vacuno más atractiva?

La carne de vacuno no es siempre la primera elegida por los consumidores. Por ser una carne roja, el consumidor opta más por la carne blanca como el pollo o el pavo. Sin embargo, sigue siendo una carne muy consumida y seguramente seguirá igual. Pero los tiempos cambian y con ellos la industria de la carne debe evolucionar también.

Hoy en día hay que motivar más que nunca al consumidor, y que la carne de vacuno tenga un aspecto delicioso y perfecto ya no es suficiente; hay que ir más allá. El dicho ‘comer con los ojos’ no podría ser mejor utilizado que en esta situación. Aunque el corte tradicional sigue siendo la referencia en el sector, los envasados y la venta de carne loncheada empiezan a ganar una mayor importancia. Según una encuesta de Sigma Dos para Provacuno, seis de cada diez consumidores acostumbran aún a comprar la carne de vacuno en el mostrador de la carnicería o del supermercado porque les da una mayor confianza. Según el estudio, la carne al corte en el mostrador es la fórmula a la que más recurre el consumidor, seguida de la carne envasada en bandeja, la preparada o elaborada (hamburguesa), la envasada al vacío y, en último lugar, la congelada. La encuesta también concluyecon que la compra habitual en mostrador es más habitual entre las mujeres y compradores mayores de 45 años.

Para acercarse más al consumidor, y especialmente al más joven, las empresas empiezan a usar nuevos formatos de presentación. Además, invierten cada vez más en investigación para aumentar la calidad nutritiva de la carne, para que sea más saludable, y también investigan el uso de antioxidantes que alarguen la vida útil del producto a través de incorporarlos a la dieta del animal. Ahora mismo la vida útil de la carne de vacuno está en torno a los 15 días máximo, número que también tiene mucho que ver con el envasado. Una de las soluciones para garantizar una carne más saludable es la introducción de omega 3 en los piensos, lo que presupone un gasto más elevado al productor, conllevando un precio más alto para el consumidor. Y aquí reside el problema hoy en día: hay que hacer ver al consumidor que es un valor añadido y no un aumento desproporcionado en el precio de venta, una batalla que todavía está por ganar.

El Rebost

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